¿Autoridad y Libertad son compatibles?

¿Autoridad y Libertad son compatibles?

En el tema de la familia, la autoridad radica siempre en los padres, ya que al transmitir la vida al hijo, adquieren el compromiso de educarles.

La autoridad es la fuerza que sirve para sostener y hacer crecer a cada hijo en su proceso de perfeccionamiento y formación para que desarrolle todas sus potencialidades. Sólo habrá verdadera autoridad cuando se ejerza con disposición de servir.

La autoridad es un derecho que compromete, pues los hijos ejercerán de manera más plena su libertad en la medida en que los padres asuman la responsabilidad de ejercer la autoridad. En otras palabras, la calidad de la autoridad de los padres determina en gran parte la capacidad de los hijos para ejercer su libertad. Tan necesaria es la autoridad del padre como la de la madre.

La autoridad se va ganando al ejercerla correctamente; es un servicio que se presta a los hijos por amor buscando el bien auténtico de cada uno.

El ejercicio de la autoridad de los padres debe encaminarse no al control de los hijos, sino a la formación de todas sus facultades para que cada uno sea capaz de ejercer su libertad en orden al amor.

Al educarlos en la libertad, los hijos irán aprendiendo a tomar sus propias decisiones, a comprometerse y a responsabilizarse de sus actos.

Ellos serán libres en la medida en que sean responsables y hayan desarrollado una conciencia recta, fundamentada en principios sólidos.

La autoridad no se da de manera espontánea; para esto es necesario vivir lo que se exige.

Libertad y autoridad

Una de las tareas más grandes de la familia es formar personas libres y responsables. Por ello, los padres han de ir entregando a sus hijos la libertad, de la que durante algún tiempo son tutores.

En la vida familiar existen reglas que ayudan a mantener la armonía. Es mejor tener pocas reglas pero hacerlas cumplir; los padres son los encargados de exigir este cumplimiento con su ejemplo y autoridad.

Cada norma debe existir en función de un fin: formación de hábitos, convivencia armónica, formación de virtudes, organización, etc., y puede variar conforme los hijos o las circunstancias; lo que no puede cambiar es el principio que las sustenta. Por ejemplo, una norma es que los niños se duermen a las ocho; detrás de esto, está la formación en el orden y la necesidad de un tiempo de descanso. Cuando los niños crecen, el horario se puede ampliar, pero el principio permanece

 La libertad y la participación

La participación de los hijos es indispensable en la formación de la libertad. Esto supone que los niños opinen, decidan y colaboren. Cuando una persona acepta participar, se responsabiliza y sabe que se compromete a ser consecuente con su opinión, a realizar lo decidido y a poner esfuerzo en el logro de una tarea común. Para que esto sea realmente efectivo los padres deben orientar la participación, propiciando la iniciativa, pero a la vez coordinando y enfocando las decisiones y acciones hacia el bien de los hijos.

Libertad y responsabilidad

Ser libre es ser capaz de asumir las consecuencias de las propias acciones, es decir, ser responsable. Un niño no podría pagar la entrada al cine de todos sus amigos si no obtuviera el dinero de sus padres, por lo tanto, no es libre de invitarlos aunque quisiera.

Por lo tanto, formar hijos responsables debe ser una prioridad, pues sólo así serán auténticamente libres. Esto tiene implicaciones serias, pues sólo quien es libre es capaz de amar, y sólo es feliz quien ama.

La formación de la libertad es un proceso gradual; ésta se irá ampliando según la responsabilidad que los niños vayan desarrollando de acuerdo a su edad.

El ascendiente se refiere a la imagen que el hijo tiene de los padres. Para un niño es importante admirar a sus padres, porque ellos son quienes le dan seguridad y se convierten en modelos de comportamiento. No se trata de ser admirado sólo por reconocimiento, sino porque esto ayuda en la formación de los hijos.

Unos papás cercanos a sus hijos, sinceramente interesados en ellos, tendrán ascendiente, sobre todo si el niño percibe una alianza fuerte entre ambos padres.

Los padres necesitan saber que son capaces de ejercer su autoridad por amor a los hijos como un servicio en su formación. Aún reconociendo esto, algunos padres de familia pueden encontrarse con algunas dificultades en el ejercicio de la autoridad. A continuación se mencionan algunas de las más comunes.

LIMITACIONES DE LOS PADRES EN EL EJERCICIO DE LA AUTORIDAD

Pasividad

  • Falta de serenidad, firmeza, constancia y poca resistencia a la frustración.
  • Inseguridad en la toma de decisiones y la exigencia.
  • Falta de confianza en ser obedecido.
  • Actitud conformista.

Ignorancia:

  • No saber qué es la autoridad ni como ejercerla.
  • Creer que se tiene que ser autoritario, o por el contrario que los hijos se van a traumar si se les exige.
  • Creer que al ejercer la autoridad se puede perder el cariño de los hijos.

Incongruencia:

  • Discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace. Esta es la limitación más frecuente y que más afecta la autoridad de los padres.

Miedo:

  • Temor a ir contracorriente y ser mal visto por los demás.
  • Temor al rechazo de los hijos o a perder su amor.
  • Temor a la exigencia y responsabilidad personal que implica pedir algo a los hijos.

CÓMO COMPENSAR ESTAS LIMITACIONES:

Ante la Pasividad:

  • Vivir la virtud de la fortaleza para resistir ante situaciones difíciles (un hijo que te reta por ejemplo).
  • Actuar con serenidad y conservar la calma.
  • Dar mas tiempo a la reflexión y al análisis de las acciones de nuestros hijos para poder tomar mejores decisiones (en otras palabras no explotar con ira sino conservar la calma y aprovechar los momentos de calma para educar).

Ante la Ignorancia:

  • Constante preparación.
  • Conocer las etapas que están viviendo nuestros hijos para ejercer más eficazmente la autoridad.
  • Conocer a cada hijo de manera personal.
  • Pedir ayuda especializada. Los cursos y programas de Familia Unida son herramientas excelentes en estos temas.

Ante la Incongruencia:

  • Vivir lo que se exige a los hijos.
  • Dar ejemplo de las palabras y los principios que se predican.

Ante el miedo:

  • Reconocer que no somos perfectos, sin embargo se puede ser ejemplo de esfuerzo constante por vencer los propios defectos.
  • Saber que el ejercicio de la autoridad es un bien para los hijos.
  • Tener fundamento de las propias creencias para combatir la opinión de la sociedad, y dar a los hijos razones de nuestras convicciones.

El ejercer la autoridad es un derecho y una obligación de los padres, cuya finalidad es guiar al hijo. Ante esta responsabilidad, es necesario que ésta este orientada al desarrollo armónico de sus facultades; formar su corazón, su voluntad y su inteligencia respetando y reconociendo su dignidad.

La educación no es sólo para el presente, sino que trasciende el tiempo. Si hoy ejercemos nuestra autoridad de manera eficaz como un servicio motivado por el amor que les tenemos a nuestros hijos, ellos alcanzarán la madurez y su libertad estará orientada al amor, a la verdad y al bien, lo que les dará la posibilidad de realizarse como personas y de influir positivamente en su entorno. Hoy más que nunca, el mundo necesita personas que vivan la auténtica libertad, y para lograrlo nuestros hijos requieren de nuestra autoridad.

Algunos consejos para ejercer la autoridad con eficacia:

  • Establecer claramente las reglas de nuestra familia. Buscar que todos las entiendan, las acepten y las cumplan, incluyendo en primer lugar a los padres.
  • Exigirse a sí mismo en lo que comprensivamente se quiere exigir a los otros.
  • Ponerse de acuerdo con el cónyuge, dialogar las diferencias en privado, pero siempre mostrarse unidos y apoyarse mutuamente frente a los hijos; mandar claramente el mensaje que la autoridad son ambos. Evitar aliarse con los hijos en contra del cónyuge: “Sí puedes hacer esto, pero no le cuentes a tu papá”, “Sí te lo compro, pero que no se entere tu mamá”.
  • Fomentar la participación activa de los hijos; involucrarlos en la toma de decisiones, en las tareas del hogar, hacerlos que se sientan parte. Esto ayudará a que se comprometan más.
  • Conservar una actitud optimista, saber resistir frente a las dificultades y las frustraciones.
  • Destacar siempre, en primer lugar, lo positivo.
  • No olvidar que el ejercicio de la autoridad educativa requiere un clima de confianza, que no excluye la firmeza.
  • No claudicar. El secreto de la autoridad está en la constancia y la consistencia.
Adaptar los derechos y las obligaciones según la edad y el grado de madurez.
  • Al corregir, hacer referencia a los actos del hijo y no a su persona, “el haber dicho mentiras estuvo mal” en vez de “eres un mentiroso”.
  • Evitar acumular amenazas; la autoridad se gasta cuando éstas se suman. Si no se van a cumplir, es mejor no hacerlas. Limitar el número de exigencias y reglas, para que las que existan se conozcan perfectamente y se hagan cumplir. Cumplir las promesas hechas. Los premios y castigos deben de ser proporcionados a la acción cometida.
  • Pensar antes de sancionar, y luego ser firmes, sin dejar de ser flexibles. Evitar los castigos corporales.
Advertir o establecer con anterioridad las consecuencias de no respetar las reglas.
Explicar claramente al hijo porqué se le ha sancionado y asegurarse que entienda lo que hizo mal y porqué está mal.

Material del programa Edificar la Familia de Familia Unida A.C. Preparó: Luz Elena Rico de Garza
Consultora Familiar – Centro Familia Unida Chihuahua A.C.

PREGUNTAS Y CONSULTAS AL AUTOR:

familiaunida.chihuahua@gmail.com


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