Formar Hijos fuera de serie

Formar Hijos fuera de serie

¿Porque decimos que educamos hijos fuera de serie? Porque los hijos no nacen en serie. Cada uno es único e irrepetible; no puede ser remplazado por nadie. Lo que es, nadie más puede serlo, ni puede ocupar otro su lugar en la familia o en la sociedad.

Por ello debemos  revalorar la presencia de los hijos en nuestras vidas como un regalo que nos ha confiado Dios para nuestro mutuo perfeccionamiento.

El día a día de la vida familiar puede hacer perder de vista el sentido trascendente de la educación de los hijos. Lo que se forme hoy, se traducirá en pensamientos, actitudes y acciones futuras que impactarán no sólo en la vida del hijo, sino en las de muchos otros con quienes entrará en contacto a lo largo de su vida, y en las siguientes generaciones, para bien o para mal. Pensemos en nuestras propias actitudes, ¿cuántas de ellas tienen su origen en las de nuestros padres o abuelos?

¿Es verdad que un nuevo ser humano es un don para los padres y para la sociedad?

Ciertamente, el nacimiento de un hijo significa para los padres esfuerzos, nuevas cargas económicas y otros condicionamientos prácticos. Estos motivos llevan a muchos a la tentación de no desear otro hijo. Sin embargo, si nos preguntáramos si sobra alguno de nuestros hijos, o si hay alguno que hubiésemos preferido no tener, la respuesta general será: No, porque finalmente queremos a cada uno, buscado o no antes de su nacimiento. Cada hijo es un regalo, un don que enriquece a sus padres, hermanos y hermanas, y a toda la familia, independientemente de su personalidad, sus cualidades o defectos. Difícilmente unos padres se arrepienten de haber tenido un hijo, y sí hay muchos que se lamentan de no haber tenido más.

El hecho de que cada persona sea única e irrepetible no es casualidad, como no lo es la existencia. Nadie viene al mundo por casualidad, pues aun sin la intención procreadora de los padres, hubo quien sí pensó y amó a cada uno desde antes de comenzar a existir: Dios mismo.

Dios es quien infunde el espíritu de cada persona. Por puro amor, Dios dota al hombre de un alma espiritual que supera el ámbito de lo terreno y se extiende hasta lo trascendente. Somos las únicas creaturas visibles capaces de amar y de conocer a su creador. Ninguna otra creación terrena es capaz de descubrir y experimentar el amor que tuvo su creador al pensar en él y llamarlo a la existencia, ni es capaz de corresponder activamente a ese amor.

Los esposos, en su vocación de padres, viven y transmiten el amor de Dios cuando colaboran con Él en la co-creación de nuevas personas. Cuando nace un hijo se alcanza una de las metas más importantes para todo matrimonio: el amor que un día los unió, toma vida y es encarnado para siempre en una persona.

Esa persona, ese amor encarnado, es un regalo que Dios envía a los esposos para que experimenten el amor amando y, a su vez, puedan formar a ese hijo en el amor.

En la medida que se amen y enseñen a amar al hijo, en esa medida serán plenamente felices.

Dios, que es todo amor, está profundamente presente en cada uno de los hijos, pues cada uno de ellos ha sido amado de manera única, particular y personal desde la eternidad por Él, y cada uno de ellos está llamado a dar ese mismo amor.

Los padres, por tanto, deben imitar el amor gratuito de Dios, queriendo a cada hijo por sí mismo, respetando plenamente su autonomía y su originalidad.

¿Qué significa amar al hijo?

  • Decidir libremente buscar su bien auténtico.
  • Aceptarlo en su totalidad en el hoy y en el mañana.

Cada ser humano tiene una misión: vivir en plenitud, amar y ser amado y poder así ser feliz. Por la libertad podemos elegir cumplir o no esta misión.

¿Cómo podemos preparar mejor a nuestros hijos para descubrir su misión y vocación?

Por responsabilidad, no por derecho

La libertad con la que se engendró a cada hijo trae consigo la responsabilidad de educarlo y proveerle lo necesario para que sea feliz. Los padres no tienen derecho a tener un hijo, mientras que los hijos sí tienen derecho a tener unos padres que los guíen para alcanzar su realización personal.

Respetando su dignidad de persona

La dimensión espiritual es la que confiere una dignidad especial al ser humano. Cuerpo y espíritu lo constituyen como persona.

El hijo debe ser formado integralmente, lo cual implica desde las necesidades básicas hasta el desarrollo armónico de sus facultades. De esta manera los hijos podrán descubrir su identidad y misión como personas, desarrollar sus capacidades y poder así alcanzar la felicidad.

Como un servicio y no como una imposición

La educación a los hijos es un servicio, una forma de aportar al hijo, a la sociedad y contribuir al bien común.

Es una de las formas más directas de realizar el llamado de todo ser humano a buscar el bien y entregar lo mejor de sí mismo a los demás.

Como un regalo y no como una posesión

Los padres no son dueños del hijo, porque la paternidad es un don. El hijo es el obsequio de parte de Alguien que nos ama infinitamente y nos quiere hacer felices a nosotros, a través de esos hijos, y quiere hacer feliz a esos hijos a través de nosotros.

A continuación algunas sencillas recomendaciones prácticas para educar a los hijos y prepararlos para descubrir su misión.

  • Dar ejemplo de la vivencia del amor. Cuando los padres
se aman, los hijos se sienten amados.
  • Hacer sentir a cada hijo amado por nosotros, a través de la forma de hablarle, sonreírle, abrazarlo, etc.
  • Ayudar a cada hijo, con cariño y paciencia, a ir superando sus debilidades.
  • Evitar las comparaciones entre hermanos, ninguno es mejor o peor, son distintos y cada uno aporta lo que es único en él.
  • Procurar un ambiente familiar cálido, alegre y seguro para el
niño
  • Destinar espacios para compartir el tiempo con cada hijo. Realizar juntos sus a aficiones, leer un cuento antes de dormir, pedirle que ayude a preparar alguna comida, etc.
  • Fomentar sus intereses y habilidades, evitando imponer los propios gustos.
  • Buscar brindar a los hijos una educación integral, dando especial importancia a la formación de las virtudes, las cuales les ayudarán a vivir el amor y ser plenamente felices.
  • Evitar suplantar el cariño y la atención por regalos o comodidades materiales; el mejor obsequio para un hijo es el amor de sus padres.

Material del programa Edificar la Familia de Familia Unida A.C.

Preparó: Luz Elena Rico de Garza

Consultora Familiar – Centro Familia Unida Chihuahua A.C.

 

PREGUNTAS Y CONSULTAS AL AUTOR:

familiaunida.chihuahua@gmail.com


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