El que quiera amor celeste… Primera de 2 partes

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El que quiera amor celeste… Primera de 2 partes

Muchos matrimonios confían su felicidad a la sensiblería y olvidan que sólo se consigue trabajando a conciencia. Por eso, cuando los problemas aparecen suponen que el amor se ha ido. Para evitar la deserción, marido y mujer deben aprender a identificar la raíz de sus conflictos. Un experto explica los 13 ámbitos más propensos para la beligerancia conyugal y nos recuerda que el amor cuesta.

Si una pareja dice que en su relación nunca ha habido conflictos, es evidente que no dice la verdad o que ambos viven de la simulación recíproca, pues se trata de una relación enormemente delicada y complicada en la que necesariamente surgirán problemas y puntos de desacuerdo.

Al buscar la unidad entre hombre y mujer —a partir de su multiplicidad y diversidad— es lógico que surjan conflictos. El matrimonio es una unión de personas con vocación de realizar una comunión interpersonal, sin que su identidad se confunda. La vivencia de cada uno debe ser comunicada al otro, de manera que se transforme en convivencia. Pero se parte de la diversidad, y eso implica ciertas dificultades.

Aunque todo sea distinto —afectividad, inteligencia, motricidad, morfología, anatomía, fisiología, personalidad…—, ambos están diseñados, desde la gestación, para completarse, no para oponerse, ni competir, ni guerrear, ni destrozarse.

Los filósofos de hace muchos siglos expresaban esta situación con el término unitas multiplex: hacer la unidad de la multiplicidad. Hombre y mujer se oponen, pero la oposición los hace coincidir.

A estas diferencias hay que agregar otra dificultad: la vida matrimonial cambia. Es lo que se conoce como ciclo vital de la familia. Unos recién casados no se comportan igual que unos esposos que acaban de tener a su primer hijo. Ya no es: «yo para ti, tú para mí, sin nadie», sino «yo para ti, yo para el tercero, tú para mí, tú para el tercero, y el tercero para y por los dos». Donde antes había cónyuges —mujer y varón—, ahora hay padres.

Tampoco es lo mismo la vida familiar con un hijo que con tres; ni el estilo educativo de una familia en una ciudad que en otra; ni convivir con un hijo enfermo que con todos sanos; ni mucho menos una familia en la que hay hijos adolescentes…

Luego llegará el momento en que los padres estén solos. Cuando esto suceda, habrán pasado muchas cosas, se habrán conocido más entre ellos y habrán pasado juntos por muchos conflictos.

¿CONFLICTOS LETALES?

Generalmente los conflictos se generan por tonterías. A veces al contrario, por fundamentos muy serios. En otras ocasiones por la rutina o porque no se conoce cada uno a sí mismo ni se conocen recíprocamente. El matrimonio es un contrato, pero sin ninguna seguridad, y menos en los tiempos que corren. Nadie puede dormirse en sus laureles y dejar de luchar: «¡Ah! Ya tengo mi contrato, venga la buena vida». Ambos deben conquistarse mutuamente, cada día, sin olvidar la propia condición humana y que, por eso, siempre habrá problemas.

Pero ni las crisis ni los conflictos son malos. Son naturales; se han dado, se dan y se darán toda la vida. Ahora bien, hay conflictos que hacen crecer al matrimonio y otros que son letales y sirven para su defunción. Conviene distinguir unos de otros.

Los conflictos pueden ser letales si se dan algunos de estos indicadores:

1. Pérdida de respeto, por palabra y obra.
2. Conflicto crónico y armado con sufrimiento, resentimientos, venganzas. Eso no puede durar mucho tiempo bien.
3. «Guerra de guerrillas». Que acaba en guerra total.
4. Infidelidad. Hoy es la primera causa de divorcio en el mundo.
5. Por eso, hay un aspecto que los esposos deben cuidar especialmente al aparecer los conflictos: el daño que puedan hacerse entre sí. Las personas que menos pueden herirnos son las que no tomamos en serio y nos son indiferentes. Pero cuanto más se quiere, más se sufre. Desde una desatención o un cumpleaños olvidado, hasta la saña premeditada en un comentario, pueden lastimar mucho al otro.

SER UN SOLUCIONADOR

Sin embargo, los conflictos hacen crecer al matrimonio si ambos cónyuges se implican en su solución en un tiempo récord. Los dos deben convertirse en lo que llamo solucionadores. Incluso, esta actitud no sirve sólo para la vida matrimonial.

Si cada esposo y esposa es un solucionador, no cabe temer a los conflictos conyugales, porque cada problema será pequeño y habrá dos solucionadores, dos grandes expertos para un problemita. Por desgracia, no existe una tienda donde llegar y pedir 15 gramos de solucionador. Como se trata de un hábito, hay que aprovechar cada instante para ejercitarse en él, solucionar problemas de manera constante es el único modo de aprender.

Hay cuatro medios que, usados correctamente, son eficaces para solucionar los conflictos en el matrimonio. Como a veces olvidamos que están a nuestro alcance, vale la pena recordarlos.

Inteligencia

Por lo general, usamos nuestra inteligencia muy poco y muy mal. Por ejemplo, si el vecino llega con un problema se le atiende, se le escucha, incluso hasta se toma nota. Sin embargo, ¿se hace lo mismo con los propios conflictos? ¿De verdad se aplica la inteligencia para resolver los problemas con la pareja? No. Se toman muy a la ligera, como si el hecho de vivir juntos les restara importancia.

Voluntad

Muchos conflictos de pareja se resolverían si cada uno y cada una tuviera un poquito más de autocontrol, eso que se lee en los libros de Psicología como: self regulation, self control . «Como es mi marido, le puedo dar un sopapo». No. Hay que controlar el brazo. «Como es mi mujer, la puedo mirar con ojos de homicida». Tampoco. Aunque se esté muy enfadado, debe mirársele con una mirada comprensiva, acogedora, tierna, penetrante.

Creatividad

Gracias a ella se pueden alumbrar posibles soluciones a los conflictos conyugales, pequeños, medianos o grandes, que se vayan dando en su vida familiar. Hay que llevar la imaginación al matrimonio. La intervención a través de esa imaginación será fenomenal. Claro que, si se usa para crear más problemas, será maldita.

Habilidades de negociación

Dado que este recurso exige poner en práctica los otros tres, me detendré un poco más en su explicación.

A NEGOCIAR SE HA DICHO

En el mundo actual, globalizado, todo se negocia. Negocien entre marido y mujer, cedan, concedan, lleguen a un acuerdo rápido. Que no haya vencedores ni vencidos. Que todos ganen y nadie pierda. Eso es hacer negocio: antes de enfadarse, negociar.

Si una persona está en un problema, por ejemplo, puede repasar los momentos anteriores de su vida cuando ha vivido alguna crisis. En esos hitos vitales, ¿cómo se resolvieron los conflictos? Vendrán luces de inmediato.

Obviamente hay que repasar los problemas que se resolvieron bien. Ver qué comparación se puede establecer entre el problema del adolescente que fui y el problema actual, de hombre casado. Observar y establecer las posibles analogías entre aquel y este problema, comparar y poner en práctica las mismas estrategias que se emplearon entonces u otras nuevas para salir adelante.

No olvidemos que los conflictos conyugales son normales, sólo que es mejor tenerlos muy de tarde en tarde. Resolverlos, por tanto, también es normal. Para eso, es fundamental que, cada vez que aparezca uno, quien considere tener la verdad sea el primero en ceder. ¿Él tiene razón? Que ceda, ya habrá otro momento, otro día lejano, para explicar por qué. Ahora no, ahora ceda.

¿Quién de los dos se considera más inteligente? Ella. Entonces que ceda antes ella. Y si no, no es más inteligente, es más tonta, porque quiere que el conflicto vaya a más: sufrir, sufrir y sufrir. Eso no es de inteligentes.

Un viejo aforismo en la medicina hipocrática sostenía que para un buen nacimiento no debía ponerse el sol, a partir del momento en que empezaba un parto hasta cuando nacía el niño. Así, el conflicto debe resolverse antes del ocaso. Si dura 5 horas, como si dura 18, pero antes de llegar la noche. Si lo hacen así, ambos ganarán, serán más felices, crecerán como personas, serán buenos expertos en negociación y solución de problemas, harán felices a los hijos y nadie perderá, todos ganarán.

De lo contrario, tendrán que ir, a veces durante años, a terapia, y quién sabe si a causa del conflicto adquieren un trastorno que les ate al psiquiatra hasta la muerte.

NEGOCIACIÓN INTERRUMPIDA

Puede haber muchos obstáculos para la negociación. Cuando uno se resiste a ceder y ni siquiera acepta que el otro lo haga, debe emprenderse una labor de convencimiento mediante el diálogo razonado y prudente, sin gritar ni machacar. El ser humano es un ser dialógico, para eso estamos hechos, pero el diálogo no se puede imponer. Habrá que buscar el momento más oportuno para suscitarlo. A veces se peca de imprudencia, quizá ahora lo que menos convenga sea platicar el asunto, se corre el riesgo de sumar otro conflicto; pero en dos o tres días se podrá hablar tranquilamente y solucionar el problema.

Nunca hay que dar por bueno eso de que se han puesto todos los medios. «Es que llevo peleando muchos años y no consigo nada». Tal vez necesite llamar a más gente que pelee con usted. O a la mejor basta con que vaya con un terapeuta.

Si yo tuviera autoridad legislativa o jurídica no admitiría ni una separación, ni un divorcio, ni una causa de nulidad, hasta no saber que realmente se han puesto todos los medios para resolver el problema, como sucede en Inglaterra. Al tramitar el divorcio, el Estado pide ocho meses de terapia familiar antes de iniciar el papeleo y se pide un informe al terapeuta sobre la actitud de ambos y así verificar la asistencia y que de verdad ha habido buena disposición.

Cuando los conflictos arrecian y se intensifican, es muy frecuente que uno de los cónyuges diga, medio en serio, medio en broma: «Bueno, hay que separarnos». Se trata de una frase con la que no hay que jugar, pues el otro puede considerarlo como una opción viable, aunque se haya dicho sin pensarlo. No puede lanzarse esa arma al otro, porque empiezan jugando y al final se cumple la predicción. Una mujer amenaza a su marido: «Mira que me separo», y un buen día el que se separa es él.

Continua la proxima semana…
Resumen de la conferencia «Trastornos de la comunicación y conflictos conyugales» Aquilino Polaino Lorente Tomado de ISTMO